Los metadatos son el registro que un archivo guarda sobre sí mismo. En una foto pueden indicar qué dispositivo la tomó, cuándo y dónde, y qué programa la guardó. También es fácil borrarlos y cambiarlos, así que hay que leer a la vez lo que queda y lo que falta.
EXIF guarda la marca y el modelo del dispositivo, la hora de captura, los ajustes de exposición y la ubicación GPS; XMP puede guardar el programa de edición y su historial. Los generadores de IA a veces dejan el prompt o el nombre de la herramienta. Origma lee estos campos y anota en el registro de evidencia hacia dónde apunta cada uno.
La mayoría de las apps de mensajería y redes sociales eliminan la ubicación y los datos del dispositivo y recomprimen las fotos al subirlas, para proteger la privacidad. Los adjuntos de correo y las descargas originales desde la nube suelen conservar los metadatos. Así, la misma foto puede llevar pruebas muy distintas según cómo te haya llegado.
Una hora de captura que no coincide con la hora de guardado o la zona horaria, o un programa de edición que no encaja con la cámara, dan algo que examinar. Una ubicación distinta del lugar declarado también requiere comprobación. Sin embargo, un reloj del dispositivo mal configurado o un retoque normal pueden crear los mismos rastros.
Cualquiera puede editar los metadatos con una herramienta, así que su presencia no demuestra que una foto sea real ni su ausencia que sea falsa. Origma nunca califica un archivo de IA solo porque falten metadatos. Los resultados son evaluaciones probabilísticas, no peritajes oficiales ni prueba legal: léelos junto con las firmas de procedencia y el análisis de píxeles.
Esta guía es orientación general, no asesoramiento jurídico. El resultado de un análisis es una valoración probabilística, no una prueba.